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El Alto, 17/08/2020 | Para muchos, hacer comercio electrónico es vender por Facebook u otras plataformas sociales al aplicarse el significado más amplio de ese término, es decir, concretar ventas a través de un medio electrónico.

Con el paso del tiempo, algunos expertos han tratado de diferenciar los conceptos entre venta en línea en canales especializados y medios sociales. Por ejemplo, la empresa Yahoo! acuñó en 2005 el término «social commerce« para referirse a una rama específica del comercio electrónico relacionada con herramientas de compra colaborativa. Cuando Facebook lanzó en 2014 funciones para venta de productos en su plataforma, se comenzó a hablar de f-commerce (comercio electrónico en Facebook).

Estos términos son aún desconocidos por la inmensa mayoría de usuarios nacionales, de manera que, al vender algo por redes sociales, el empresario boliviano está convencido de estar haciendo comercio electrónico. ¿Por qué la venta a través de plataformas sociales no debería considerarse comercio electrónico?

CARECEN DE ELEMENTOS PROPIOS DE PLATAFORMAS ESPECIALIZADAS
Las redes sociales no se diseñaron para vender cosas en línea, sino para facilitar la comunicación entre usuarios. Al generar un gran volumen de tráfico, muchas plataformas han tratado de sacarle partido implementando servicios para facilitar la venta de productos. Su objetivo principal siempre fue generar una dependencia total, evitando que el usuario tenga la necesidad de acudir a otros sitios. Aunque estos métodos han generado mucho interés entre los usuarios, siguen careciendo de elementos necesarios y básicos en webs especializadas de comercio electrónico como se detallará más adelante.

NO SE APLICAN CONTROLES  NI NORMATIVAS POR IGUAL
Habitualmente, las tiendas en línea deben cumplir con normas estrictas para proteger a los posibles compradores, pero dichas reglas no se aplican por igual en redes sociales. Ningún gobierno controla las transacciones comerciales realizadas en redes sociales ni se exigen las mismas medidas de protección que a las tiendas en línea. Vender mediante redes sociales contribuye a la informalidad y perjudica la economía estatal, matando la inversión privada. Precisamente por eso las redes sociales se convierten en el lugar preferido de estafadores e ilegales: nadie les pide nada para vender, y en caso de problemas, no se exige a nadie asumir las consecuencias.

 

Problemas para el vendedor

La persona que desea vender directamente mediante Facebook u otra plataforma social se enfrentará a estas dificultades:

MUCHA GESTIÓN
En un estudio realizado por VENBO, se determinó que un vendedor en Bolivia que promociona un producto por Facebook sin el respaldo de un canal de venta directa, pudiera necesitar más de 22 horas en responder personalmente a las consultas de posibles clientes y conseguir apenas un 3% de conversiones.

FALTA DE HERRAMIENTAS ESPECÍFICAS
La lista de funciones que no encontramos a la hora de vender en línea mediante redes sociales es muy larga: automatización de comunicaciones, cálculo automático de gastos de envío y geolocalización, cobro en línea, configurador de productos, artículos variables, ventas cruzadas, fidelización de clientes, configuración de membresías y suscripciones, lista de deseos, lista de espera, venta anticipada, promociones y combos, vista de productos relacionados…
Muchas de esas opciones sencillamente no existen en redes sociales, y otras obligan al vendedor a hacer un seguimiento manual, dedicando muchas horas de gestión que podría emplear en otros aspectos necesarios de su negocio.

IMAGEN POCO PROFESIONAL
¿Se ha preguntado alguna vez por qué las mejores marcas no venden DIRECTAMENTE en redes sociales? Sí captan la atención de los usuarios que se mueven en ellas, pero una vez conseguido eso, el interesado es dirigido a canales específicos para cerrar la venta en línea. Las redes sociales son plataformas elegidas por informales y estafadores, precisamente por la falta de regularización: cualquiera puede abrir fácilmente una cuenta y vender cualquier cosa (hasta productos falsificados o ilegales) sin necesidad de sujetarse a ninguna normativa. ¿Es esa la imagen que quiere dar a su marca?

 

Problemas para el comprador

El comprador que desea adquirir productos que se promocionan en redes sociales se encuentran con una serie de problemas, como:

PÉSIMA EXPERIENCIA DE USUARIO
Al no haberse diseñado para vender en línea, las redes sociales obligan el usuario a contactar por todo. ¿El vendedor tendrá stock de ese producto? ¿Tendrá ese artículo en mi talla o en mi color favorito? ¿Cómo haré el pago? Una vez pagado, ¿cómo me hará llegar el producto? Si no estuviera contento con la compra, ¿podré devolver?
Los datos demuestran que los usuarios se molestan cuando tienen que interactuar con alguien para comprar en línea: prefieren explorar características y precios sin necesidad de preguntar a nadie. La incomodidad es aún mayor cuando el vendedor exige que se le contacte por teléfono.

CERO SEGURIDAD
Es realmente imposible saber quién está al otro lado de Facebook: cualquiera puede simular ser una empresa solvente para vender productos y servicios. Si usted decide comprar algún producto y algo falla, no tendrá ningún mecanismo de protección ni garantías de recuperar su dinero. Tal vez, ni siquiera tenga la opción de volver a contactar con la persona que gestionó su compra y no podrá ejercer sus derechos básicos como consumidor. Esa es la razón por la cual la mayoría de estafas en línea se llevan a cabo precisamente en redes sociales.

 

No estamos diciendo que no se usen las redes sociales: hoy en día es necesario manejarlas correctamente como parte de una exitosa estrategia comercial, pero está claro es que ni Facebook ni WhatsApp son sistemas pensados para vender de forma directa. Entonces, lo mejor es de captar la atención de la audiencia mediante esas plataformas, y posteriormente, derivarla a canales especializados para venta en línea.

Foto: Freepik

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